Iyambae FM

viernes, 6 de enero de 2006

Pensar con el cerebro propio y no con el cerebro ajeno

La falsificación de la historia como INSTRUMENTO de dominio

Por Adrian Salbuchi (*)

“Quien controla el pasado controla el presente;

quien controla el presente, controla el futuro”

George Orwell – “1984”


”La historia no es simple “pasado”. Es la forma que suelen adoptar

las angustias y las luchas del presente. Es por eso que ante una

misma historia existen – y deben existir – distintas interpretaciones

historiográficas… La tarea del pensador es analizar las conexiones

de los procesos históricos y sociales. Debe preservarse de las críticas de

los que quieren confrontar “el mal absoluto” en nombre del “bien absoluto”.

Norberto R. Ceresole - “La falsificación de la realidad”

“La única verdad es la realidad”

Juan D. Perón

Para un pueblo, conocer su pasado - su historia - es tan importante como lo es para un individuo conocer quién es, de dónde viene y cuáles son sus raíces. Las personas que sufren de amnesia quedan inermes ante la voluntad ajena y corren el riesgo de que cualquier pillo los embauque haciéndose pasar por su “amigo”, o “hermano”, o “familiar” para así aprovecharse de él.

Lo que les ocurre a estos individuos puede ocurrirle también a los pueblos si olvidan, confunden o desconocen el pasado; con las tecnologías modernas, incluso puede ocurrirle al mundo entero.

Hoy, poderosísimos grupos compactos disponen de los medios para literalmente controlar nuestra visión del pasado - la Historia – y del presente, descarrilando así la Realidad que es reemplazada por una suerte de “realidad virtual”, alineada con sus propios y a menudo inconfesables objetivos e intereses.

LA “INDUSTRIA DEL HOLOCAUSTO”

Bajo este insinuante título el historiador norteamericano Norman Finkelstein, profesor de teoría política en la City University of New York, Hunter College, publicó en el año 2000 un libro muy polémico: “The Holocaust Industry: Reflections on the Exploitation of Jewish Suffering”([1][1]), en el que critica los poderosos motivos financieros y geopolíticos de quienes hoy promueven en forma exagerada el así-llamado “Holocausto” con el fin de, entre otras cosas, extraer gigantescas sumas de dinero para el Estado de Israel a un conjunto de “víctimas pudientes”: bancos suizos, los gobiernos estadounidense y alemán, grandes empresas alemanas y otras víctimas actuales y futuras.

Finkelstein define a Israel como un Estado terrorista, invasor y altamente peligroso no solo para la paz en Medio Oriente sino de todo el mundo, particularmente si se considera su enorme capacidad nuclear gracias a las Armas de Destrucción Masiva atómicas que desde hace décadas le cediera sumisa y obedientemente Estados Unidos de Norte América.

Norman Finkelstein se inserta en la corriente de pensamiento de su amigo y mentor Noam Chomsky, ambos prestigiosos intelectuales judíos anti-sionistas, que se han ganado las iras de la poderosísima maquinaria del sionismo internacional, al calificar a sus principales organizaciones y operadores como "gangsters" y "delincuentes"; al celebrado propagador del Holocausto, Elie Wiesel ([2][2]) como su “payaso residente”; y a las exigencias sionistas a Alemania para que les pague gigantescas reparaciones monetarias, como un desfachatado “chantaje”.

Lo interesante del caso es que Finkelstein se inserta dentro de un creciente conjunto de historiadores, periodistas, intelectuales y sectores de opinión a nivel mundial que no aceptan mansamente el Dogma del Holocausto, emanado desde los centros de poder esencialmente privado del Nuevo Orden Mundial ubicados en Nueva York, Londres, París y Jerusalén, entre otras ciudades. Se trata de un amplio sector de personas intelectualmente independientes que consideran que esta auténtica “Industria del Holocausto” como bien la define Finkelstein, es utilizada no solo para el robo de dineros públicos y privados en todo el mundo, sino también para justificar el genocidio que hoy perpetra el Estado de Israel contra el cautivo pueblo palestino y otras futuras agresiones en distintas partes del mundo que ya empiezan a avizorarse.

TERRORISMO INTELECTUAL

En el actual y tan liberal "mundo desarrollado" existe, sin embargo, un auténtico terrorismo intelectual que prohíbe – en algunos países bajo pena de cárcel - que se investigue y se propague cualquier opinión o investigación que siquiera cuestione la veracidad de este Dogma del Holocausto. Así, se ha perseguido e incluso encarcelado a historiadores como el francés Robert Fuarisson, a centros de investigaciones como el Instituto de Revisionismo Histórico de California, al investigador alemán Ernst Zündel y, más recientemente, el prestigioso historiador inglés David Irving quien fuera arrestado en Austria bajo un viejo cargo que data del año 1989 cuando osó dar una conferencia en la que cuestionó la historia oficial de los 6 millones de judíos muertos en los campos de concentración alemanes durante la segunda guerra mundial, aseverando – como mantienen muchos investigadores – que más allá de la persecución de los judíos en la Alemania nacionalsocialista, no existe sustente serio y verificable a esa tremenda cifra de los 6 millones. ([3][3])

Esta cifra casi emblemática y cabalística de 6 millones hoy se acepta como buena, no porque se halle avalada por investigaciones históricas serias y sólidas, sino porque se la ha repetido, dramatizado y taladrado en el imaginario colectivo gracias a los cientos de miles de millones de dólares invertidos a lo largo de sesenta años de propaganda en películas, documentales propagandísticas, libros, novelas, entrevistas, actos, monumentos, recordatorios, “memorias activas”, y muchas otras acciones psicológicas colectivas tendientes a imponer el “Holocausto de los 6 millones” como una realidad, a pesar de carecer tal cifra de un riguroso sustento fáctico.

Uno de los tantos instrumentos de guerra psicológica utilizados en este proceso es la neoyorquina Anti-Difamation League (ADL – www.adl.org), una de las organizaciones de choque encargada de ejercer presión de todo tipo contra quienes cuestionen el Mito del Holocausto en cualquier parte del mundo. Utilizando una metodología agresiva, copiosamente financiada y con amplia cobertura entre los multimedios monopólicos mundiales, la ADL ejerce una suerte de terrorismo intelectual tendiente a acallar toda crítica hacia el sionismo, sus objetivos mundiales y sus operadores, esgrimiendo – a menudo con tono rayano en la histeria – la acusación de “¡antisemitismo!” contra quienes pretendan promover un estudio serio de estos temas fundamentales, o cuestionen las políticas israelíes, equiparando erróneamente “antisemitismo” con “antisionismo” ([4][4]) Señalemos que la ADL opera estrechamente con la muy influyente y exclusiva logia masónica judía B´Nai B´Rith.

SIN PELOS EN LA LENGUA…

Es dentro de este marco que creemos conveniente interpretar las agudas declaraciones del presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, realizadas hace pocos días en La Meca, Arabia Saudita, cuando expresó dudas sobre la veracidad de la historia oficial en torno al Holocausto judío y sugirió que Israel debiera ser trasladada a Europa.

Ello, naturalmente, generó el inmediato rechazo de las muy poderosas organizaciones sionistas mundiales y de los gobiernos y multimedios bajo su control, notablemente los de Estados Unidos, el Reino Unido, Alemania, Austria y, desde luego, de la propia Israel.

Sin embargo, y a pesar de la mala prensa que hoy tiene Irán y su gobierno entre los medios “occidentales”, la lógica de Ahmadinejad es históricamente impecable. Entre otras cosas, manifestó el jefe de Estado iraní que "algunos países insisten en decir que Hitler mató a millones de inocentes judíos en una caldera y ellos insisten a tal punto en esto que si cualquiera dice algo contrario a lo que ellos condenan, es enviado a prisión" (por ejemplo, el historiador David Irving hoy encarcelado en Austria). "Aunque no aceptamos esta afirmación (la del “Holocausto”), si suponemos que es verdad nuestra pregunta para los europeos es: "¿Es la matanza de personas judías inocentes llevada a cabo por Hitler la razón para que respalden a los ocupantes de Jerusalén?" "Ahora que admiten que los judíos fueron oprimidos, ¿por qué deben pagar el precio los musulmanes palestinos? Dado que ustedes (por los europeos) fueron los que los persiguieron, ofrézcanles ustedes un pedazo de tierra al régimen sionista para que pueda establecer allí el gobierno que más desea. Nosotros lo apoyaremos", indico Ahmadinejad. "Que Alemania y Austria den dos o tres de sus provincias al régimen sionista y el problema estará resuelto desde sus raíces".[5][5]

Innegablemente, Ahmadinejad está poniendo el dedo en la llaga, lo que pudo verificarse en la seguidilla de reacciones casi histéricas de las “democracias occidentales”, comenzando por las de la flamante canciller germana Angela Merkel, quien consideró "totalmente inaceptables" esas declaraciones iraníes recordando que "con nuestra responsabilidad histórica en mente, solo puedo decir que las rechazamos en los términos más duros".

Ahora, bien, nosotros preguntamos: ¿Por qué ese “rechazo” germano? Si la actual Alemania está tan convencida de la veracidad del Holocausto de los 6 millones, y si su gobierno rechaza lo que muchísimas personas dentro y fuera de aquella otrora gran Nación hoy creemos en el sentido de que se trata de una tergiversación histórica, entonces que Alemania y Austria (oficialmente, los perpetradores del “Holocausto”) le cedan en compensación a los sionistas alguno de sus bellos Länder como Silesia, o Westfalia, o Brandenburgo, o, incluso – ¿porqué no? la histórica Baviera...

Haberles tirado este fardo a los palestinos, robándoles su Nación podrá ser muy cómodo para los aburguesados y decadentes alemanes y austriacos de hoy, pero el costo para los palestinos ha sido uno de genocidio, sangre, tortura, vejaciones, miseria y humillación. ¿Porqué deben los palestinos pagar las culpas de alemanes y austriacos? Máxime cuando la intrusión de Israel en el mundo musulmán ha sido causa de casi sesenta años de guerras, invasiones, y crímenes contra prácticamente todos los pueblos islámicos por parte de las fuerzas militares de Israel, Estados Unidos y Gran Bretaña.

Ursula Plassnik, ministra de relaciones exteriores de Austria por su parte dijo que "no se pueden plantear dudas sobre el derecho a la existencia de Israel", no solo aludiendo a estas declaraciones de Ahmadinejad sino también a las que hiciera el líder iraní hace poco tiempo invitando a "borrar a Israel del mapa". A su vez, Raanan Gissin, vocero del primer ministro israelí Ariel Sharon manifestó su preocupación ante “el consenso que existe en muchos círculos del mundo árabe de que los judíos no tienen derecho de establecer un Estado judío democrático en su patria ancestral”.

Por nuestra parte, agregaríamos que no solo en el mundo árabe se cuestiona ese derecho a usurpar tierras ajenas, sino que en nuestro continente y en nuestra Argentina, somos muchísimas las personas que sostenemos precisamente ese punto de vista. El Sr Gissin incluso le recordó al presidente Ahmadinejad que "los judíos hemos estado aquí mucho antes que sus ancestros", dando a renglón seguido "gracias a Dios que tenemos la capacidad de disuadir y prevenir que semejante declaraciones se transformen en realidad".

Resulta muy interesante la posición israelí. Señalemos que si todos los pueblos y etnias del mundo se dedicaran a reclamar las tierras que según sus Libros Sagrados y tradiciones culturales, religiosas y étnico-raciales les corresponden porque “sus ancestros llegaron antes”, ello indudablemente generaría enormes cambios en el mapa mundi político. Sin ir más lejos, los norteamericanos deberían retirarse de la totalidad del territorio que hoy ocupa su poderosa nación para devolvérselo a las naciones Sioux, Chinook, Tonkawa, Wichita, Ute, Apache, Delaware, Algonquin, Iowa, Cheyenne, Mojave, Mohawk, Chocktaw, Iroquí, Miami, Omaha y muchas otras tribus originarias cuyas tierras les fueron robadas por el gobierno de EEUU a lo largo de casi cuatro siglos de invasiones y genocidios. Pues, no caben dudas que estas tribus “llegaron ahí mucho antes” que los conquistadores ingleses, holandeses, españoles, portugueses, alemanes e, incluso, inmigrantes judíos que se establecieron en esas tierras para terminar fundando el voraz imperio hoy conocido como Estados Unidos de Norte América.

Similarmente, en estas latitudes sudamericanas, nosotros los argentinos – al menos quienes somos de descendencia europea italiana, española, sajona, y también quienes sean miembros de la comunidad judía – debiéramos todos ir preparando nuestras maletas para retirarnos de estas tierras usurpadas hace apenas un par de siglos a las tribus Ranquel, Pampa, Mapuches, Comechingones, Guaraní, Tobas, Selcnam, Aimara, Ranquel, Quilmes, Guayaquí, entre tantas otras.

Y con respecto a la “posibilidad de disuadir y prevenir" a la que alude el vocero del premier Ariel Sharon, no nos caben dudas de que tienen esa capacidad por cuanto las fuerzas del sionismo israelita hoy han logrado secuestrar al propio gobierno de los Estados Unidos de Norte América para que opere como instrumento dócil y subordinado a sus propios intereses geopolíticos mundiales, de claro corte mesiánico y racista. Este insólito y complejo proceso mediante el cuál se secuestró el Estado norteamericano tiene nombre y apellido concreto: el así-llamado “Project for a New American Century” (www.newamericancentury.org), sobre el cuál brindamos detalles en el Cap. V. del ensayo "Bienvenidos a la Jungla…:” (pags. 105 a 113.)

Y A NOSOTROS, ¿QUÉ NOS IMPORTA TODO ESTO?

Cada vez que nuestra prensa pueril informa sobre estos temas, siempre lo hace fuera de contexto, usualmente en forma incompleta, y siempre de manera distorsionada, consecuencia de su obligado alineamiento con la visión global impuesta por los dueños del Nuevo Orden Mundial. En síntesis, alineados sumisamente a los intereses del sionismo internacional.

Así, leemos en el matutino “Clarín” de Buenos Aires del 10-Dic-05, que las declaraciones del presidente iraní "expresan un sentimiento antisemita, intolerante, beligerante y antidemocrático", dijeron en Argentina, en un comunicado conjunto, la AMIA, la DAIA y la Organización Sionista Argentina, que reclamaron al presidente Néstor Kirchner que se sume a la condena al presidente iraní por sus dichos”. Seguramente, Kirchner prontamente obedecerá, mientras que el mismo artículo periodístico vuelve a azuzar el “peligro nuclear” representado por Irán (soslayando que el verdadero peligro nuclear actual para la paz mundial son Estados Unidos, Israel y el Reino Unido[6][6]), e incluso lanza una no muy velada amenaza sobre un futuro ataque israelí contra Irán al recordar que Israel quiere que haya una actitud más firme de la comunidad internacional sobre el programa atómico que desarrolla Teherán. Ya en 1981, la Fuerza Aérea israelí bombardeó el reactor atómico iraquí Osirak, a 17 kilómetros al sur de Bagdad.” No recordamos que por entonces las Naciones Unidas sancionaran a Israel por semejante agresión flagrante contra la soberanía iraquí, por más que hoy el siempre genuflexo secretario general de la ONU Koffi Annan se manifieste “horrorizado” por las declaraciones de Ahmadinejad cuestionando el Mito del Holocausto.

Conviene recordar que las presiones sionistas sobre la República Argentina vienen de larga data. Desde que su propio fundador Theodor Herzl propusiera en 1896 - hace ya más de un siglo - fundar el Estado israelita en territorio argentino “a cambio de una compensación financiera”. (Preguntamos: ¿cobrará esto forma a través de algún venidero “canje de deuda por territorio”?).

Hoy, esas presiones han derivado en un tremendo deterioro diplomático entre la Argentina e Irán, que no solo le ha costado a nuestro país la pérdida de miles de millones de dólares en exportaciones a Irán a lo largo de la última década, sino que – muchísimo peor - nos arrastra peligrosamente a involucrarnos directamente en la guerra que Estados Unidos, Israel y Gran Bretaña hoy preparan contra Irán, al tiempo que nos comportamos de manera despreciable al agredir e insultar gratuitamente al noble y milenario pueblo iraní.

Las consecuencias potencialmente catastróficas para nuestro país de haber permitido semejantes maniobras por parte de servicios de inteligencia de ciertos Estados foráneos, apenas pueden enfatizarse. Los graves peligros que hoy corre la Argentina al estar en manos de un gobierno integrado por personajes ignorantes en materia internacional como el presidente Néstor Kirchner - quien hasta hace pocos días confió nada más y nada menos que nuestra Cancillería a un personaje inepto, claramente incapaz e impotente para tomar decisiones como Rafael Bielsa - nos exime de todo otro comentario.

¿QUIÉNES SON; DÓNDE ESTÁN NUESTROS ENEMIGOS?

La propia existencia de un Estado Nacional soberano implica un relacionamiento con todos los demás Estados nacionales soberanos y con otros operadores en el escenario mundial. Lo queramos o no; nos guste o no.

Para abordar este hoy tan complejo y peligroso entorno externo sobre el cual la Argentina tiene poco o ningún control ni poder, debemos comenzar por comprenderlo, identificando cuáles son las amenazas y oportunidades que nos presenta, para luego diseñar las políticas y planes de acción correspondientes que promuevan nuestro objetivos y consoliden nuestros intereses. Una Nación seria dispone de instrumentos concretos para estas tareas, que incluyen al Ministerio de Relaciones Exteriores, el Ministerio de Defensa y – se supone – un presidente mínimamente lúcido, idóneo y equilibrado.

La auténtica Política – mal que le pese a nuestra dirigencia de politiqueros de alcantarilla - es la Política Exterior, que es el plano dónde una Nación se mide con otros Estados, a menudo vastamente más poderosos. Un axioma fundamental de la Política Exterior requiere identificar a los Estados y operadores amigos, diferenciándolos de aquellos que se presentan como enemigos o al menos adversariales, para luego poder buscar alianzas con los primeros, y tomar acciones preventivas y de defensa respecto de los segundos.

Los Estados y operadores identificados como “enemigos” no lo son porque sean “malos”, sino porque tienen otros intereses y otros objetivos no coincidentes con los nuestros, que al promoverlos pueden potencialmente entrar en conflicto indirecto o directo con nuestro país.

Ahora bien: cuando esos Estados y operadores externos identificados como enemigos o adversariales resultan vastamente más poderosos que nosotros y, encima, claramente agresivos, entonces tenemos un problema. Y cuando se presenta este tipo de problema, hay que hacer algo con el mismo, puesto que si se lo deja solo, decididamente no desaparecerá. Todo lo contrario: aumentará su peligrosidad, presión y amenaza. En nuestro caso, lo hará hasta que el Estado Nacional argentino ya no pueda hacer nada ante su creciente presión, fuera de ceder ante intereses y objetivos foráneos, claramente en detrimento de los objetivos e intereses de nuestro Pueblo (si no, no los hubiéramos identificado como enemigos, ¿verdad?).

Para administrar este complejo panorama, una Nación dispone de una Cancillería, de Fuerzas Armadas, de un Ministerio de Economía; en síntesis: para eso una Nación tiene un Estado Nacional cuyas estructuras se confían a un conjunto de ciudadanos que se integran en lo que denominamos “el Gobierno” que administra – para bien o para mal - los destinos del país. De más está enfatizar que colocar a un Gobierno de ineptos en las estructuras de Poder del Estado, termina resultando fatal para la Nación.

Por eso, hoy la Argentina debe abordar esta compleja problemática internacional desde un ángulo diferente alineado en base a:

(a) un enfoque equilibrado de la historia contemporánea (para comprender los orígenes del problema);

(b) un enfoque equilibrado respecto de las titánicas fuerzas que hoy conforman y deforman la política mundial (para comprender las amenazas que enfrentamos) y, por sobre todo,

(c) un enfoque alineado con el Interés Nacional Argentino, o sea, el Bien Común de la mayoría de sus 39 millones de habitantes y no tan solo los intereses de alguna de sus minorías sociales, económicas o étnicas (para preservar la Nación).

Primeramente, resulta, como mínimo, sospechoso verificar la manera en que nuestros multimedios “formadores de opinión” se alinean sistemáticamente con la visión e intereses sustentados por la “historiografía oficial” promovida desde las más poderosas y violentas naciones del mundo. Naciones que desde hace siglos son enemigas – o al menos adversarias – reales y concretas de la Republica Argentina: me refiero al Reino Unido y a los Estados Unidos de Norteamérica, que a lo largo de varios siglos nos han agredido y siguen agrediendo en los frentes económico, financiero, político, moral y militar casi sin interrupción, sea directamente o a través de sus agentes y operadores dentro del país en los sectores público y privado.

Así por ejemplo, y en relación a la compleja problemática en torno a la Segunda Guerra Mundial – contienda que definió quiénes serían los dueños del planeta en las décadas subsiguientes – y su desenlace, hemos adoptado la irracional posición de asumir como "nuestro enemigo" a una satanizada Alemania derrotada en aquella terrible y complejísima contienda bélica de hace más de sesenta años. Sin embargo, tanto Alemania y Austria como su principal aliado Japón, jamás agredieron a la Argentina ni a nuestro continente, ni nos atacaron ni vulneraron nuestros intereses, como lo hicieron y siguen haciendo sistemáticamente la rapiña estadounidense y británica.

Tampoco olvidemos que la Unión Soviética (aliada de Estados Unidos e Inglaterra en la Segunda Guerra Mundial), en los años sesenta y setenta lanzó contra nosotros sus huestes guerrilleras iniciando una catastrófica guerra civil en nuestro país. Así caímos bajo un sincronizado efecto de “pinzas”, mediante el cual nuestro pueblo era agredido, por un lado, por la URSS a través de la guerrilla apátrida y sus “jóvenes idealistas”, mientras que por el otro, sufrimos la represión, entrega y traición de una cúpula cívico-militar usurpadora del Estado que se alineó estúpidamente con la geopolítica de Estados Unidos.

Así, llegamos a la irracionalidad de considerar como nuestros “amigos” a Estados Unidos, Gran Bretaña e Israel que decididamente no lo son; al tiempo que creemos que son nuestros “enemigos” aquellas fuerzas opositoras a la alianza anglo-estadounidense-israelí: desde Alemania y Japón como actores históricos en la mayor contienda bélica del siglo XX, hasta Irán y las organizaciones de liberación islámicas en Palestina, Irak y Afganistán. Esta Argentina cultural e intelectualmente colonizada pareciera disfrutar del veneno que a diario le hacen beber a borbotones.

NADA QUE VER CON NOSOTROS…

El Estado de Israel es un país foráneo aliado a Estados Unidos y Gran Bretaña. Si pensáramos con nuestro propio cerebro y no con el de nuestros enemigos y adversarios tanto fuera como dentro del país, entonces mantendríamos aunque más no sea una actitud decorosamente neutra y objetiva ante la catástrofe desatada en Medio Oriente desde hace más de medio siglo. Como muestra de un mínimo de autoestima intelectual, no aceptaríamos sin más la historia oficial mundial interesadamente propagada e impuesta por Estados Unidos, Gran Bretaña e Israel, en momentos en que casi ni se conoce cuál fue esa misma historia vista desde el punto de vista de los grandes derrotados de aquella Guerra Mundial; y no me refiero a los gobiernos títeres que hoy ocupan el poder en Alemania y Austria “por la gracia de un Dios tribal” que atiende en Nueva York, Londres y Jerusalén, entre otras cosmopolitas metrópolis.

Desde 1945, la Opinión Pública planetaria ha sido informada sobre terribles matanzas, campos de concentración y persecuciones perpetradas por la Alemania nacionalsocialista. Sin embargo, aquello viene ocurriendo en un marco sin precedentes y único en la historia de la humanidad en el que un Estado (el Tercer Reich alemán) sucumbió militarmente en forma total quedando inerme ante sus irreconciliables enemigos (Estados Unidos, Gran Bretaña, la Unión Soviética y Francia), que así lograron robarle su territorio, condenar a sus dirigentes (la travestía jurídica de los Juicios de Nuremberg son un símbolo de ello), robarle cientos de miles de patentes, inventos, procesos industriales y derechos intelectuales de toda índole, y – muy importante – quitarle la totalidad de su documentación de Estado, especialmente aquella calificada como secreta; todo como gran botín de guerra.

Esa documentación fue retirada y llevada a Nueva York, Londres, París y Moscú desde donde con los años se fue escribiendo una "historia oficial" según la conveniencia, intereses y objetivos mundiales de aquellas potencias victoriosas. Entre esos futuros objetivos y planes se encontraba la creación, el financiamiento y la poderosa militarización ad eternum del Estado de Israel.

A modo de ejercicio mental, preguntamos: ¿Cual sería la imagen que tendría el mundo hoy si la totalidad de los documentos secretos de, por ejemplo, Estados Unidos, Gran Bretaña e Israel cayeran íntegramente en manos de sus adversarios para que éstos los seleccionaran y armaran su propia “historia oficial”, con el fin de satanizarlos y promover su propio conjunto de objetivos? ¿Se imagina el lector las cosas que descubriríamos si pudiéramos, por ejemplo, investigar a fondo los capítulos más oscuros, sanguinarios, perversos, patológicos y destructivos escondidos en los archivos secretos de la CIA, del Pentágono, y de la Nacional Security Agency estadounidenses? O del MI6 y el Foreign Office británico? O del Mossad, Shin Beth y Fuerzas de Defensa Israelí?

Hoy, Estados Unidos ni siquiera logra quedar bien parada ante la opinión pública a pesar de ser la nación más poderosa del planeta y disponer de gigantescos instrumentos de control de la información y loe multimedios. Imaginémonos cómo quedarían ante la opinión pública si se los pudiera desnudar a estadounidenses, británicos e israelíes íntegramente como ellos hicieron con Alemania a partir de 1945… ¿Cuántos “Tribunales de Nuremberg” tendríamos que montar para juzgar y condenar a los Kissinger, Truman, Eisenhower, Roosevelt, Bush, Johnson, McNamara, Bundy, Kennan, Deutch, Baruch, Mongenthau, Cheney, Perle, Wolfowitz, Feith, Rockefeller, Harriman, Clinton, Albright, Carlucci, Reagan, Hoover, Westmoreland, Rusk, Schwartzkopf, Powell, Braden, Rhodes, Kagan, Podhoretz, Brzezinski, Abrams, Negroponte, Bolton, Dulles, Rice, Rumsfeld, Baker, Casey, Berger, Armitage, Lehman, Kaplan, Helms, Solardz, Sokolski, Thatcher, Churchill, D’Amato, Nixon, Ford, Carter, Eden, Carrington, Nott, Harris, Shamir, Meir, Sharon, Netanyahu, Barak, Peres, Gore, Beghin, Gurion, y tantos, tantos, más. El mundo jamás habría visto tantos encumbrados juzgados por crímenes de lesa humanidad, genocidio y de crímenes contra la paz.

Por eso, el alineamiento vergonzoso y sistemático de todos los gobiernos argentinos desde hace al menos treinta años a favor de los objetivos, intereses y planes de los dueños del Nuevo Orden Mundial conducido por Estados Unidos, Gran Bretaña e Israel debe terminar. Este vulgar proceso de decadencia se vio agudizado a partir de la traición menemista de los años noventa en todos los planos de la vida nacional y de sus relaciones internacionales, signadas desde entonces por las “relaciones carnales” con el imperio anglo-norteamericano-israelí (hoy intactas bajo el gobierno Kirchner que mantiene los ejes principales de esa sumisión, a pesar de haber cambiado el “estilo”).

En el caso específico de las declaraciones del presidente iraní, recordemos que la Argentina acusó a Irán por los atentados de la AMIA y, tangencialmente, de la Embajada Israelí, solo aportando pistas falsas, “pruebas” obviamente plantadas por fuerzas israelíes y norteamericanos que se hicieron cargo de investigar ambos “Ground Zero” en marzo 1992 y julio 1994. Así, se trabajó durante más de una década en inventar una obviamente inexistente “pista iraní” con el bochornoso espectáculo que incluyó a un juez federal cometeando a un preso para que diera falso testimonio (el destituido juez Galeano) y, hace pocas semanas, a un histérico fiscal de Estado (Nissman) mostrando una foto de un supuesto “terrorista asesino” que se auto-inmoló en el atentado a la AMIA, tesis que rápidamente quedó descartada debido a su burda falsedad. Todo, por supuesto, con altísima cobertura mediática de los diarios, radios y televisión local.

Sin embargo, hoy se sigue trabajando intensamente para “encontrar” las “pruebas” que den sustento a la “pista iraní” que necesitan Bush y Sharon para armar un nuevo casus belli, esta vez contra Irán, mientras que lo que realmente hace falta es profundizar en la mucho más verosimil “pista israelí” (remitimos al lector al Cap. VI de nuestro citado ensayo “Bienvenidos a la Jungla…”).

LA CÁBALA DE LAS CIFRAS

Para comprender cómo opera el mecanismo mistificador en torno a los 6 millones, señalemos que en un entorno mucho más pequeño y reciente en nuestro país, hemos visto un proceso parecido al propagarse el mito de los “30.000 desaparecidos”, cifra que no solo no tiene ningún sustento, sino que la propia CONADEP – Comisión Nacional de la Desaparición de Personas creada por el gobierno Alfonsín en 1984 - en su conocido informe “Nunca Más”, describe la existencia de unos 8.700 “casos” denunciados de personas desaparecidas, al tiempo que reunió pruebas concretas que permitieron juzgar a los militares responsables en solo un par de centenares de casos.

Aún entre esta cantidad mucho menor de “desaparecidos” descriptos por la CONADEP, hallamos casos notables de “desaparecidos” que terminaron apareciendo en el exterior; incluso alguno ha llegado a integrar el actual gobierno del presidente Kirchner, como el caso notable de la Dra. Carmen Argibay quien figura en el listado del informe “Nunca Más”, y que recientemente fuera nombrada jueza de la Corte Suprema de Justicia de la Nación por Kirchner.

Lo importante es señalar que, también aquí, el mito fue echado a rodar dinamizado por los medios de difusión que lo repiten una y otra y otra vez, taladrándolo en el cerebro de la ciudadanía, hasta que se lo terminó integrando de preppo al imaginario colectivo argentino.

Señalamos esto para enfatizar la importancia que tiene no permitir que se falsifique la realidad - según la frase de Norberto Ceresole citada al inicio de este artículo -, lo que decididamente NO implica en lo más mínimo justificar la barbarie, estupidez y entrega del gobierno cívico-militar que usurpó el poder en nuestro país entre el 24 de marzo de 1976 y el 10 de diciembre de 1983.

Los despreciables victimarios deben pagar por sus crímenes. Sin embargo, una cosa es castigar a los individuos responsables – especialmente por tratarse de militares de alta gradación - y otra muy diferente es defenestrar a la institución de las fuerzas armadas y de seguridad, esenciales para la defensa y seguridad del Estado Argentino. Así, un conjunto de personajes internos y externos se ha aprovechado del terrible dolor de aquellos años para promover otros intereses menos confesables que apuntan a lograr la paulatina disolución y destrucción de la República Argentina.

Moralmente, un solo ser humano injustamente perseguido o muerto merece Justicia, haya sido perseguido por militares argentinos, alemanes, estadounidenses, iraquíes, soviéticos, o israelíes, o por fanáticos chinos, sionistas, franceses o ingleses. Pero la Justicia debe ser pareja y para todos y no sólo para algunos. Y si hemos de condenar a militares argentinos y jerarcas alemanes, también debemos condenar a torturadores israelíes e ingleses y a invasores norteamericanos.

Por eso, pongamos las cosas en su justa proporción: ¿6 millones del Holocausto? ¿30.000 Desaparecidos? La exageración no solo no acerca la Justicia y la Verdad, sino que, todo lo contrario, las aleja e insulta la memoria de quienes fueron realmente víctimas en todas estas complejas contiendas y guerras.

Primero, entonces, generemos un ámbito objetivo y equilibrado que permita conocer los datos reales en torno a estos dolorosos hechos y procesos, y luego podremos determinar las cantidades de víctimas que sucumbieron. Hoy parece que se hace al revés: primero se tiran las cifras que permiten armar el Mito más conveniente para determinados objetivos encubiertos y luego se ejerce presión para obligar a todos a creer en ellas, con lo que se cobra una víctima más: la Verdad.

Lo hemos dicho reiteradamente: si los Argentinos hemos de superar los males que nos aquejan, lo primero a hacer consiste en “entender y saber de qué se trata”, lo que por sobre todas las cosas presupone pensar con el cerebro propio y no con el cerebro ajeno.

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